Ética periodística rubia

RosenvingeEs una décima de segundo. Oyes la frase y sientes euforia y alivio. El periodista entrevista a una persona, en este caso una cantante, esperando el titular. Deseas que sea una frase corta, directa, con un solo verbo. Si además captura la esencia de la persona entrevistada, miel sobre hojuelas. Pero a menudo da igual. Basta que dé para un titular que convertido en tuit viralice la entrevista. Sí, esto es un negocio. Lo saben incluso quienes se rasgan las vestiduras.

Existe un pacto no escrito en la prensa escrita: todo lo que quede grabado durante la conversación es susceptible de ser utilizado (reordenado, sacado de contexto, manipulado). Son pocas las personas que piden ver el texto antes de ser publicado. Pedirlo supone revelar inseguridad y significa dudar de la integridad del periodista; además, no garantiza nada.

“Quiero ser la rubia lista”, me dijo Christina Rosenvinge durante una entrevista. Era el titular perfecto, el tuit perfecto. Una frase machista que presupone que las rubias son tontas dicha por una mujer: carnaza en la red. Pero existía una pega: esa frase estaba inscrita en una argumentación sobre identidad de género y prejuicios machistas que empezó con una cita al ensayo La paradoja rubia de Laini M. Burton, donde se explica que “conscientes del deseo y el escarnio, las rubias vocacionales utilizan esta condición como máscara; es decir, su arma es precisamente desarmar a los caballeros con su candidez e inocencia, su inconsciencia y su sex appeal”. También se habló de la lucha contra la trampa del sacrificio femenino, esa imposición cultural según la cual es la mujer y no el hombre quien debe sacrificarse por los demás.

La frase “quiero ser la rubia lista” se pronunció en el siguiente contexto:

Dijo Christina Rosenvinge: “Cuando un hombre está programando un festival no pone una mujer como cabeza de cartel. Porque no se identifica con lo que está diciendo, o porque no percibe la fuerza o la potencia. La ve como algo secundario”.

¿Salvo que establezca una relación de fascinación sexual con esa mujer?
No creo que la colocara de cabeza de cartel. La colocaría como algo convenientemente decorativo. He peleado mucho contra este papel de convenientemente decorativo. Por ejemplo, eso de que todo el mundo quiere hacer dúos conmigo porque es estupendo hacerte un dúo con una rubia. Y es algo que yo no quiero hacer. Yo quiero hacer valer lo mío.

¿En algún momento te has planteado teñirte el pelo de moreno como acto de protesta contra ese estereotipo?
No. No voy a renunciar a ser quien soy. Para mí entre música y sexualidad hay una relación directa, y yo no voy a renunciar a eso por una cuestión ideológica, como si lo políticamente correcto ahora fuera esconder el cuerpo. Mi posición ya es un poco irónica. Me tomo muy en serio la parte de hacer música y ahí no hay ni sexo ni género. Ahora bien, en la parte pública prefiero jugar el absurdo papel de estrella con ironía y un poco de sentido del humor porque si no es invivible. Digamos que estoy haciendo el doble papel. Sería Nico pero al mismo tiempo Lou Reed. No quiero ser solo uno. No quiero ser el feo y no quiero ser solo la rubia. Quiero ser la rubia lista. No quiero renunciar a ello por mucho que los roles sociales digan que eres una cosa o la otra.

(Me acababa de dar el titular: “Quiero ser la rubia lista”. Sin embargo, hice lo que se supone que no debe hacer un periodista):

Si utilizara esa frase de “quiero ser la rubia lista” como titular…
Me aniquilarías. Cuento con tu integridad como periodista para no hacerlo.

¿Sabes que ese tipo de frases rápidamente desactivan cualquier discurso que quieras elaborar?
Totalmente. Muchos de mis mejores amigos son periodistas y he vivido esta hecatombe muy de cerca. Es terrorífico que te tengas que reducir a una línea escandalosa para atraer lectores. De todos modos, te he dado una serie de titulares estupendos.

Todo esto quedó grabado. Ella no me dijo explícitamente que no podía utilizar esa frase, pero en realidad eso tiene poca importancia. La clave, al menos lo que a mí me ha llevado a reflexionar hasta casi la obsesión, es por qué le dije “si utilizara esa frase de quiero ser la rubia lista como titular…”. Un amigo me sugirió que lo hice porque me interesa tanto la entrevista como la metaentrevista, como si quisiera convertir la conversación en un acto performativo sobre el oficio periodístico. Es posible. Otra opción, seguramente más ajustada a lo que me pasó por la cabeza, es que quise proteger a la entrevistada. Es un acto entre condescendiente y vanidoso, como si me arrogara la facultad de proponer qué es lo más conveniente para la entrevistada. Es decir, estaba cayendo en lo más abyecto: considerar que en realidad ella era la rubia tonta; perpetuaba el estereotipo.

Cuando llegó el momento de publicar la entrevista en el diario Ara, utilicé otro titular y además eliminé del texto la frase “quiero ser la rubia lista” como prevención, para que ni la jefa de sección ni el equipo de edición tuvieran la tentación de ponerla como titular. Invisibilicé el conflicto y me quedé con la batalla en el cuerpo. Pienso que hice lo correcto, al menos desde mi punto de vista, pero al mismo tiempo creo que si no le hubiera advertido sobre la posibilidad de elegir ese titular… seguramente habría titulado así la entrevista, aun sabiendo que desvirtuaba el peso de su reflexión durante la entrevista y un discurso sobre género que considero interesante y necesario.

Y en todo este elaborado y banal egotrip periodístico, ¿qué pasa con la gente que leyó la entrevista? ¿Alguien habría puesto el grito en el cielo ante un titular sacado de contexto? ¿Alguien, al ver el titular de la rubia, leería la entrevista? Desconozco si existe algún estudio sobre hábitos de lectura en tiempos de twitter, y por tanto no sé qué porcentaje de quienes leen un tuit leen también el resto del contenido. Así que me quedo con la duda e insisto en la prudencia, ya sea por condescendencia o por respeto. O incluso por cobardía; vamos, por quedar bien.

En el ámbito musical, que es el que conozco desde hace más tiempo, se suele decir que los músicos utilizan las entrevistas para proyectar una imagen determinada. Además, cuando las entrevistas forman parte de una ronda de promoción, los músicos han tenido tiempo y oportunidad para perfeccionar el discurso. Dicho en plata, que nos venden la moto y poco vas a sacar si intentas desplazar al músico de esa zona de confort. O eso creemos.

Unos días después de la entrevista, escribí a Christina Rosenvinge, con quien no me une ninguna amistad, expresándole mi reflexión sobre el asunto. Ella contestó amablemente y en su respuesta incluyó una reflexión en la que yo no había pensado, sencillamente porque no me había puesto en su lugar.

No sé cómo se ve desde el otro lado lo de hacer una entrevista –escribió Rosenvinge–. Desde este lado es como pasar una entrevista de trabajo. Tienes media hora para causar una buena impresión sin exponerte demasiado personalmente y lograr el objetivo, que es que la gente llegue hasta el disco a través de tu persona. Si te digo la verdad, una se queda con cierta sensación de desgaste después”. Y también escribió: “Llevo gran parte de mi vida haciendo entrevistas y he comprobado algo muy curioso. El ‘personaje’ resultante de la entrevista es un frankenstein que suma características del periodista, del entrevistado y de los prejuicios (positivos o negativos) que pesan sobre él, y, además, de la línea editorial del medio. Hasta la foto que se elige tiene una intención. Al final, las entrevistas son casi una forma de ficción realista. En el mismo día y con las mismas respuestas puedes parecer cosas contrarias dependiendo del medio”.

Al cabo de unos días, el sábado 4 de abril, La Vanguardia publicaba a toda página un artículo escrito por una mujer sobre la actriz Amaia Salamanca con el siguiente titular: “Una rubia lista y con mucha suerte”. Ni me molesté en seguir leyendo.

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2 pensaments sobre “Ética periodística rubia

  1. Pues me parece un grave error no haber titulado la entrevista con lo de la rubia lista porque, primero, como bien dices, no tienes por qué proteger a la entrevistada y, segundo, porque la frase es literal y tiene su interés precisamente en que la haya dicho una rubia lista. Yo, con ese titular, hubiera leído la entrevista completa para descubrir qué había tras la frase. Nos estáis infravalorando a los lectores.
    Un saludo.

    M'agrada

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